El término Fan Week es cada vez más popular en el deporte. Con el objetivo de dinamizar el tenis y hacerlo atractivo a ojos de todos, este evento, que se ha vuelto imprescindible en ciertos torneos importantes, goza de un éxito creciente.
Durante mucho tiempo considerada como un simple aperitivo antes del gran espectáculo, la semana de las fases previas se impone ahora como un evento en sí mismo. Entre emociones crudas, innovaciones espectaculares y afluencias récord, la Opening Week sacude los códigos del tenis mundial.
En 1973, Billie Jean King hizo mucho más que vencer a Bobby Riggs: derribó un símbolo. Cinco décadas más tarde, la «Batalla de los sexos» renace entre Aryna Sabalenka y Nick Kyrgios, pero esta vez, el combate parece haber perdido su alma.
Las redes sociales han abierto una era inédita para el tenis: aquella en la que la notoriedad se construye tanto en la pista como en Instagram. Pero ¿hasta dónde puede llegar esta búsqueda de visibilidad sin hacer tambalear el equilibrio de los jugadores?
En 2005, con 18 años, Andy Murray ya llamaba a las puertas del más alto nivel. Pero cuando solicitó a un entrenador de renombre, la respuesta fue contundente: no.
En su podcast «Served», Andy Roddick no se mordió la lengua: para él, Elena Rybakina es la jugadora a seguir en 2026. El ex número 1 mundial ve en la kazaja la futura reina de los Grand Slams, por delante de Sabalenka, Swiatek y Gauff.
Una revelación desde España acaba de salir: Carlos Alcaraz consideró seriamente a Andy Murray como entrenador, antes de que Novak Djokovic lo contratara en 2024.